08 junio 2026

✨👨‍👩‍👧‍👦 Claves de la 5ª Charla de Psicoasesoría para Familias AMPA IES Nº5, Avilés



Querida comunidad educativa, cerramos el ciclo de charlas de Bepa Psicoasesoría con la última sesión impartida por la psicóloga Lucía Feito, en la que repasamos y conectamos muchos de los conocimientos adquiridos a lo largo del curso.

Os dejamos el resumen de la charla y, al final, los enlaces al resto de resúmenes y entrevistas en las que se responden algunas de las dudas planteadas por las familias, para que podáis utilizarlos como material de consulta siempre que lo necesitéis.

¡Hasta pronto! Os deseamos un feliz verano adolescente. Poned en práctica lo aprendido, disfrutad de esta etapa y nos vemos el próximo curso. 🌱💡

Cómo acompañar a un adolescente sin perder el vínculo

¿Adolescencia o señal de alarma?

Una de las tareas más importantes de la adolescencia es la separación. Los/as hijos/as tienen que alejarse poco a poco de sus madres y padres para construir su propia identidad, tomar decisiones y encontrar su lugar en el mundo. Es un proceso natural y necesario.

Sin embargo, separarse no significa dejar de necesitar a la familia. De hecho, siguen necesitando apoyo emocional, aunque ya no lo pidan de la misma manera que cuando eran pequeños/as.

Por eso una pregunta fundamental para las familias es: ¿cómo conseguimos que nos cuenten lo que necesitan para que no tengan que expresarlo a través de portazos, enfados o silencios? Muchas veces el problema es que nos saltamos un paso esencial: la validación emocional.

Cambios de humor e irritabilidad

Algunas familias se preocupan porque sienten que su adolescente está constantemente enfadado/a, irritable o a la defensiva.

Es importante entender que durante la adolescencia el cerebro está atravesando una profunda reorganización. Las áreas emocionales están especialmente activas, mientras que las zonas encargadas de la planificación, la perspectiva y el control de impulsos todavía están madurando, un proceso que puede prolongarse hasta los 25 años.

Por eso viven las emociones con una intensidad enorme. Lo que para un adulto puede parecer un problema pequeño, para ellos/as puede sentirse como una auténtica catástrofe.

El drama adolescente existe

Los adultos solemos decir:

"No es para tanto."
"Ya se te pasará."
"Eso no es un problema de verdad."

Pero para ellos/as sí lo es. No están exagerando deliberadamente. Lo sienten así.

Cuando suspenden un examen, cuando se sienten rechazados/as por un amigo/a o cuando creen que han hecho el ridículo, el impacto emocional es real.

No necesitan que les convenzamos de que no es importante. Necesitan sentir que comprendemos que para ellos/as sí lo es.

Aislamiento y ansiedad

Separarse de los padres forma parte del desarrollo normal. Necesitan más intimidad, más espacio propio y más autonomía. Sin embargo, una de las paradojas de la adolescencia es que siguen necesitando apoyo emocional aunque ya no lo pidan de forma directa. 

Más paradojas:
  • A veces el/la adolescente necesita ayuda y, al mismo tiempo, la rechaza.
  • Quiere cercanía, pero responde con enfado.
  • Necesita comprensión, pero se encierra en su habitación.
Un ejemplo frecuente: Llega de clase, deja la mochila en el suelo y da un portazo.

La cuestión no es pensar automáticamente que ocurre algo grave ni asumir que no pasa nada. La pregunta más útil es: ¿Qué puede estar necesitando en este momento?🤔💭

Les podemos transmitir disponibilidad sin invadir diciéndoles:

"Te noto enfadado/a."
"Parece que hoy has tenido un día complicado."
"Si quieres hablar más tarde, estoy aquí."

Bajada del rendimiento académico

Uno de los errores más frecuentes es interpretar la bajada del rendimiento únicamente como falta de interés o de esfuerzo. A veces ocurre justamente lo contrario.

Algunos/as adolescentes dicen:

"Me da igual suspender."
"Las notas no sirven para nada."

Pero al mismo tiempo:
  • Duermen peor.
  • Están más irritables.
  • Se bloquean antes de los exámenes.
  • Evitan hablar de las notas.
En muchos casos la aparente indiferencia es una forma de protegerse del miedo al fracaso.

Si digo que no me importa, sufriré menos si no consigo el resultado esperado.

Por eso detrás de algunos "me da igual" puede esconderse la ansiedad.

Problemas con amistades

Durante la adolescencia, la pertenencia al grupo adquiere una enorme importancia. Los conflictos con amigos/as, el rechazo, las comparaciones o sentirse excluidos/as pueden generar un gran sufrimiento emocional.

Desde la mirada adulta podemos minimizar estas situaciones. Pero para ellos/as representan experiencias profundamente significativas.

Cuando un/a amigo/a deja de hablarles, cuando sienten que no encajan o cuando son excluidos/as de un grupo, el dolor es real. Por eso es importante intentar comprender cómo están viviendo la situación antes de emitir juicios o buscar soluciones rápidas.

Conductas que preocupan

Muchas veces las señales de malestar aparecen de formas indirectas:
  • Irritabilidad constante.
  • Portazos y discusiones frecuentes.
  • Aislamiento progresivo.
  • Cambios bruscos de comportamiento.
  • Desmotivación.
  • Conductas aparentemente contradictorias.
Detrás de muchas de estas conductas puede haber emociones difíciles de expresar: miedo, vergüenza, inseguridad, tristeza o sensación de fracaso.

La conducta es lo que vemos. La necesidad emocional es lo que intentamos comprender.

Cómo detectar señales de alerta

La diferencia entre una dificultad propia de la adolescencia y una señal de alarma suele estar en tres aspectos:
  • La intensidad.
  • La duración.
  • El impacto en su vida cotidiana.
Podemos preguntarnos:

¿Es algo puntual o se mantiene en el tiempo?
¿Está afectando a sus estudios, amistades o bienestar?
¿Parece sufrir aunque diga que no le importa?
¿Ha dejado de disfrutar de actividades que antes le gustaban?

Más que centrarnos en una conducta aislada, es importante observar el conjunto.

Cómo acompañar desde casa

Regular no siempre significa hacer, a veces significa contener.

Como madres y padres, cuando vemos sufrir a nuestros/as hijos/as, tendemos a actuar rápidamente. Queremos solucionar, aconsejar, intervenir o arreglar lo que está ocurriendo.  Sin embargo, muchas veces la regulación emocional no se produce porque alguien haga algo, sino porque alguien acompaña lo que está ocurriendo.

Regular una emoción no siempre consiste en eliminarla. Muchas veces consiste en ayudar a sostenerla.

Cuando un/a adolescente está muy activado/a emocionalmente, su cerebro está en modo alarma. En esos momentos, la parte más reflexiva funciona peor.

No es el mejor momento para dar lecciones, buscar soluciones o discutir quién tiene razón.

Primero necesita sentirse comprendido. Frases como:

"Entiendo que estés enfadado/a."
"Veo que esto te ha dolido mucho."
"Parece que hoy has tenido un día complicado."
"Tiene sentido que estés frustrado/a."

No empeoran la emoción. Al contrario. Ayudan a que el adolescente se sienta visto y comprendido.

Validar no significa dar la razón ni estar de acuerdo con todo. Significa reconocer que la emoción existe y que tiene sentido desde su experiencia. Entrar en su mundo con curiosidad.

Muchas veces los/as adolescentes sienten injusticia, rechazo, vergüenza o miedo, aunque desde fuera no lo entendamos del todo. Nuestra tarea no es juzgar inmediatamente si tienen razón o no, sino intentar comprender cómo están viviendo la situación.

La curiosidad abre puertas donde los consejos las cierran

Podemos preguntar:

¿Qué ha pasado para que te sientas así?
¿Qué ha sido lo peor de todo esto?
¿Qué pensaste en ese momento?
¿Qué necesitas ahora mismo?
¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué hacer?
¿Hay algo que te preocupe especialmente?

Estas preguntas comunican algo muy importante:  "Me interesa entenderte."

Cómo actuar sin miedo, culpa o lucha constante

Cuando un/a adolescente se siente vulnerable, algunas respuestas aumentan la distancia. Lo que no ayuda:
  • Reírse de lo que le preocupa.
  • Ridiculizar sus emociones.
  • Comparar sus problemas con los de otras personas.
  • Decirle que está exagerando.
  • Invalidar lo que siente.
  • Intentar resolver el problema inmediatamente sin haber escuchado/a.
A menudo, cuando los padres y madres entramos directamente en modo solución, el/la adolescente siente que no estamos entendiendo lo que le pasa.

Nos ponemos a "hacer" cuando él/ella necesita primero sentirse acompañado/a.

Y entonces aparece la puerta cerrada.

Cuando los padres y madres también se desregulan

Hay otro desafío añadido: los/as hijos/as no son los únicos/as que se desregulan emocionalmente.

A veces vemos a nuestro/a hijo/a tirar la mochila y, unos minutos después, somos nosotros/as quienes estamos dando nuestros propios "portazos emocionales". Nos preocupamos, nos enfadamos, nos frustramos o nos sentimos impotentes.

Y eso es humano.

La cuestión no es ser perfectos/as, sino aprender a reconocer nuestras propias emociones y gestionarlas de la mejor manera posible.

El valor de equivocarse y reparar

Algunas madres y padres  creen que deben ser un ejemplo de perfección para sus hijos/as. Sin embargo, desde la psicología sabemos que un ejemplo más valioso es el de una persona que se equivoca y sabe reparar.

Los/as adolescentes no necesitan madres o padres perfectos sino accesibles.

Padres y madres capaces de decir:

"Antes te hablé mal y no estuvo bien."
"Estaba muy enfadado/a y no te escuché."
"Lo siento."
"Voy a intentar hacerlo mejor la próxima vez."

La reparación enseña algo muy poderoso: los errores no rompen las relaciones cuando existe responsabilidad y voluntad de reparar.

Además, permite que los/as hijos/as entiendan que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una parte natural de las relaciones humanas.

Ser una base segura

Vivimos en una cultura donde muchas veces se transmite la idea de que hay que controlarlo todo, hacerlo todo bien y mostrar siempre una imagen perfecta. Pero la perfección genera distancia.

La seguridad emocional nace de otra cosa: de la autenticidad, la accesibilidad y la confianza.

Cuando ven que sus madres o padres pueden equivocarse, reconocerlo, pedir perdón y seguir adelante, aprenden que ellos/as también pueden hacerlo.

Y cuando una familia permite el error, la vulnerabilidad y la reparación, se convierte en una base segura desde la que el/la adolescente puede explorar el mundo, separarse de forma saludable y regresar cuando necesite apoyo.

No buscamos familias perfectas.

Buscamos familias disponibles.

Y eso es mucho más importante.

🌱🧠✨



✍️ Nota de autoría: Este contenido ha sido elaborado por las voluntarias de la AMPA IES N.º 5. Si te ha resultado útil y decides compartirlo o copiarlo, te agradecemos que menciones la fuente. ¡Ayúdanos a que estas herramientas lleguen a más familias! 🤝✨